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   FIESTAS en Ribadesella
ANTROXU O CARNAVAL CARRERA DE CABALLOS EN LA PLAYA: VIERNES Y SABADO SANTOS. DESCENSO INTERNACIONAL DEL SELLA: VERANO SEGÚN CALENDARIO
FERIA DEL QUESU EN CUERRES: AGOSTO FESTIVAL DE JAZZ: VERANO Fiestas
NOCHE DE SAN JUAN SAN MIGUEL: SEPTIEMBRE SANTA MARINA: AGOSTO
SEMANA SANTA

 
FIESTAS
En los años veinte y durante la República los Carnavales de esta villa eran famosos en toda Asturias. Se celebraban bailes de máscaras en tres salones simultáneamente y las calles del pueblo se llenaban de automóviles forasteros. Tras la prohibición del carnaval en la posguerra, la llegada de la democracia permitió nuevamente a la población demostrar su afición a los disfraces. El centro de la fiesta se localiza hoy en una gran carpa que instala el Ayuntamiento en la Plaza Nueva, donde de celebra el baile y el concurso, aunque los antroxos (disfrazados) gustan también del pulular por los bares y establecimientos del pueblo. El término asturiano de antroxu procede de la voz latina introutum, en referencia a la entrada en la Cuaresma que significa Carnaval.

Las mañanas del viernes y el sábado santo, la playa riosellana de Santa Marina se convierte en un hipódromo improvisado y populoso. Miles de personas se congregan en el muro para asistir a la única prueba equina del Norte de España que se celebra en un arenal. El marco inigualable de esta playa urbana, con el mar batiente y el horizonte como telón de fondo, predispone para estas carreras inusuales que añaden una nueva dimensión a las competiciones ecuestres. Hay quien sostiene que en el puerto local, allá por el siglo XVIII, en pleno auge del comercio marítimo, proliferaban actividades de contrabando que eludían los controles portuarios a lomos de caballos negros para confundirse en la noche. La belleza inicial de las primeras carreras se ha ido redoblando con este cambio de estatus, pues la participación de cuadras que habitualmente compiten en el hipódromo de la Zarzuela, el colorido de las ropas de los jinetes, los palcos levantados para las autoridades, la presencia de fotógrafos, televisión, radio y la multitudinaria presencia de público, convierten a la bella playa local en un escenario más espectacular si cabe. Cada vez son más y mejores las monturas, por tanto, y de sólo celebrarse un día (viernes santo) ahora ha pasado a competirse a lo largo de dos mañanas consecutivas: viernes y sábado, incluyendo exhibiciones de doma que hacen las delicias de los asistentes. Las carreras riosellanas tienen el objetivo de convertirse en un evento ineludible del calendario ecuestre, siguiendo la estela de otras carreras con más arraigo en el tiempo, como la de Sanlúcar de Barrameda con la que guarda muchas semejanzas. Los propios organizadores del certamen andaluz han asisitido a Ribadesella con el fin de colaborar y prestar sus conocimientos. No se descarta que la carerra en Ribadesella sea más popular y entretenida en un futuro, empleando un recurso lúdico como las apuestas, que ya hacen furor en la prueba gaditana.

Pocos eventos deportivos conllevan paralelamente una fiesta a lo grande. El Descenso Internacional del Sella, es una insólita prueba en la que miden fuerzas por igual profesionales y amateurs, deportistas y público. Se trata de una fiesta folklórico-deportiva, declarada de Interés Turístico Internacional, la más importante del verano asturiano, sin duda, por su espectacularidad y afluencia de público. El Sella persiste inconscientemente en la celebración colectiva, y en pleno jolgorio popular suele olvidarse que es él el principal protagonista del evento. Nace en la Majada de Pozúa, en el Valle de Sajambre, en los Picos de Europa, y recorre el concejo de Cangas de Onís, Arriondas y Ribadesella, donde desemboca a todos los efectos, con piraguas y masa humana incluida. La fiesta que acompaña al río comienza a primeras horas de la mañana, cuando salen hacia Arriondas los trenes fluviales desde Ribadesella y Oviedo abarrotados de gente para ver la salida. A las once comienza por las calles de esta localidad uno de los momentos más atractivos de la jornada, un desfile multitudinario y rozando lo carnavalesco de selleros con mil abalorios, caminando o a bordo de todo tipo de artilugios rodantes que pretenden seguir la carrera hasta Ribadesella por la carretera general paralela al río. Poco antes de las doce del mediodía, los piragüistas esperan impacientes. Tras los versos rituales "Guarde el publico silencio, y escuche nuestra palabra...." que leyó Dionisio de la Huerta hasta su fallecimiento en 1995; a las doce en punto se ordena la salida. El ambiente se electriza al instante, a la vez que más de mil piraguas se lanzan juntas al río. A partir de ahí ocurre de todo, muchos palistas van al agua en su precipitación, se rompen piraguas y remos. Unos quedan atrapados en su mala fortuna y unos pocos se ponen en cabeza, saliendo airosos de un cardiaco pistoletazo de salida. El Sella, a medio camino, suele ser cosa de dos embarcaciones, tres, cuatro, cinco o seis, nunca más. Muchos ya han quedado atrás, y ahora favoritos o afortunados se encuentran de repente peleando entre sí, contra sus propias fuerzas y la fortuna. Cuando alguien comienza a sacar unos metros de ventaja ya hay poco que hacer a no ser que en su camino se interponga el infortunio. Numerosos Sellas se han disputado hasta los últimos metros, bajo el mismo puente de meta de Ribadesella, y se han ganado Sellas por apenas un palmo de ventaja. En la línea de meta siempre se aguarda con expectación. La megafonía avisa de que viene destacados los ingleses o los sudafricanos, o que hay lucha cerrada entre los portugueses y los asturianos... Cuando todo concluye, siguiendo también la tradición inaugurada por Dionisio y por los pioneros del Sella, los piragüistas y los romeros se desplazan en masa por tren o carretera hasta los Campos de Ova, a tres kilómetros de la villa riosellana, donde se celebra una multitudinaria comida campestre, se duerme la siesta bajo los chopos, se contempla a los grupos folklóricos, se baila un poco y se les entregan los trofeos a los campeones de todas las categorías. Pero aún hay otro Sella más en esta camaleónica fiesta, el Sella que se desborda viernes y sábado noche en Ribadesella y Arriondas, y que todos los años bate, al igual que la prueba deportiva, todos los pronósticos en número y entrega. El Sella nocturno es una carrera muy dura, en la que más de 100.000 "bailistas" tratan de sincronizar su esfuerzo para poder llegar al día siguiente sin haber dejado de bailar ni un solo momento. Las dos villas se inundan de vidas, a modo de Venecias cantábricas, llenas de canales humanos por los que circulan las pasiones. Los deportistas de la noche forman remolinos humanos en el entorno del casco urbano, y a muchos, a la mayoría, parece no pasarles factura horas y horas de seguimiento sellero. Según avanza la noche, por contagio, se atraviesan momentos de pájara colectiva, pero allí están los "disc-jockeys" en su labor de timoneles, para que la gran nave siga el curso de su propio entusiasmo: "¡Remen, Remen!". Río abajo, hasta el amanecer. El Sella nocturno es una galera gigante, flotando en un escenario inmenso al aire libre, en ella se ponen a prueba los músculos y la vitalidad. Y en la gran discoteca, mezclados con su público, pueden verse todo tipo de esculturales palistas de ambos sexos. Alguien dijo en una ocasión que la esencia social del "sellismo" es una especie de atmósfera singular, difícil de describir porque está todo en el ambiente de epopeya que se vive. Llega a sentirse que cualquier cosa puede pasar; es el principio de la entropía, una espiral de emociones donde se puede conocer a cantidad de gente por cualquier razón y sin excusas convencionales.

A mediados de agosto tiene lugar en el pueblo de Cuerres la fiesta de San Lorenzo, testimonio de lo que fue la feria más importante de toda la comarca, y el Festival del Queso, al que acuden con sus tenderetes los principales elaboradores de queso artesano de todo el Oriente de Asturias, comarca considerada como la mayor mancha quesera de Europa". Es una ocasión excelente para degustar los incomparables quesos de Cabrales, Gamonedo, Beyos, Pría, Porrúa o Vidiago, además de algún otro del resto de la región como el Casín, el de Genestoso o el del Afuega el Pitu.
Montaña del Norte

El festival de jazz riosellano está consagrado como una de las citas musicales del verano asturiano. Con más de una década de existencia va sumando adeptos y currículum, convirtiéndose en uno de los mejores festivales de España, tal y como destacan las publicaciones especializadas. La gran calidad de las formaciones participantes es la tónica dominante. Las jornadas logran atraer a cientos de personas en el escenario de la plaza Reina María Cristina o Plaza del Ayuntamiento. Un enclave acogedor y con muy buena acústica. El calor del verano y la magia de las noches en esta villa convierten al festival en un encuentro único, especialmente agradable y con un ritmo apto para todos los públicos. Un ritmo improvisado en el que domina la fusión de estilos y que en Ribadesella llega amplificado a todas las calles en la noches de finales de julio. Es una música con mucha personalidad, alejada de los canales puramente comerciales. Los intérpretes que se dan cita en Ribadesella buscan las mejores variaciones, y se doblegan al uso de síncopas. Sobre el escenario se dan cita variopintas formaciones orquestales. Baterías, contrabajos, bajos eléctricos, pianos, banjo, guitarras y voces solistas en las que predomina la más pura tradición afroamericana de Nueva Orleans y los swings más diversos. No faltan tampoco las Big Bands, ni las actuaciones de gospel en la más pura línea del llamado "negro espiritual". Es raro el año que no se escuchan temazos míticos como el "Oh Happy Day" en las gargantas corrosivas de artistas americanos. Cada banda sube un poco más el listón musical del encuentro. Tampoco faltan acordes caribeños, africanos ni raperos. La trayectoria jazzística de Ribadesella se ha venido consolidando en los últimos años con decanas de nombres propios de esta tendencia musical. Ribadesella suele contar con un cartel de artistas de reconocido nivel nacional e internacional. Por el escenario de esta villa marinera han pasado entre otros: Tete Montoliú, Chano Domínguez, Charmin Michelle, The Northern Kentucky Brotherhood Singers, The Olympia Brass Band, La New Orleans All stars Brass Band, Felix Morales Trío, Iñaki Askunde, Black Heritage Choir, The Campbell Brothers, Ethan Winogrand Trio, el grupo D3, Los Fisk Jubilee Singers, Marlena Smalls, The Hallellujah Gospel Choir, el cuarteto KafuVeinte, Jacobo de Miguel Quartet y un largo etcétera.

Nombrado Municipio de Excelencia Turística, ofrece a quien lo visite: turismo rural y activo, gracias a su belleza natural, historia y monumentos, gastronomía, y sobre todo un gran número de celebraciones festivas, destacando de entre todas ellas el Descenso Internacional del Sella, fiesta de interés turístico y nacida a raíz de una idea de Dionisio de La Huerta. En ella se conjugan dos vertientes diferentes. Por un lado la deportiva, congregándose en ella lo mejor del piragüismo del momento, y por otro lado la festiva, ya que atrae a miles de visitantes, tanto nacionales como internacionales, que convierten a la villa en uno de los centros turísticos más importantes de toda la región asturiana. Además de este festejo popular otras celebraciones del concejo destacables son los siguientes: El sábado siguiente al 17 de enero se celebra en Cuerres la fiesta de San Antón, una fiesta típica asturiana en la que no falta el ramo, las aldeanas con el traje regional, los porruanos, la procesión cantada al son de la pandereta, los gaiteros... Tras la misa tiene lugar una tradicional subasta de todo tipo de productos. Luego se baila la Danza Prima, y ya a la noche se celebra la romería. Los Carnavales que se celebran en febrero o marzo. En el mes de junio, son las fiestas de San Juan en Ribadesella el día 24. Las fiestas de la Virgen de la Guía en Ribadesella en el mes de julio. En el mes de agosto se celebran las tradicionales ferias y fiestas de San Mamés y San Lorenzo en Cuerres: el día 7 de agosto se celebra al patrón San Mamés con misa, procesión y verbena; en la tarde del día 9 de agosto tiene lugar la renombrada Feria del Queso de Cuerresque reúne año tras año a las mejores queserías de la zona y a cientos de visitantes que degustan la merienda en el prau de la fiesta hasta que comienza la romería, que se prolonga hasta bien entrada la noche; el día 10 de agosto, festividad de San Lorenzo, se celebra en Cuerres la Feria de Ganado, así como una carrera de cintas a caballo. Las fiestas de Santa Marina en Ribadesella, el día 25. En el mes de septiembre son las fiestas de Nuestra Señora de la Esperanza en Collera el día 8. El sábado siguiente al 7 de Octubre se celebra en Cuerres la fiesta de Nuestra Señora del Rosario con una procesión de candelas al atardecer, seguida de una fiesta gastronómica en la que se pueden degustar las especialidades típicas del pueblo, para luego bailar en la romería.

Ribadesella presume de encender la hoguera más grande en la noche de San Juan, la que más leña acumula, la que más tarda en apagarse y la que, consiguientemente, más calienta. Una noche mágica e inmemorial, la de San Juan, que en esta localidad suma multitud de seguidores, cada año más. Y es que pocas ocasiones nos depara el calendario de un año en el que la convención dé rienda suelta al rito menos convencional. El rito del solsticio de verano es una noche eterna de la humanidad a la que el cristianismo a puesto un santo apellido: San Juan. Pero en Ribadesella, San Juan es muchas cosas a la vez. Es una isla artificial sobre el Sella, una enorme mesa de tierra y hierba con manteles, sidra, gaitas y una inmensa hoguera que se enciende puntualmente a las 12 de la noche y que congrega a más de 3000 personas de toda la comarca oriental. Todo crea la mejor disculpa de una transición esperada y socialmente asumida, que acontece con la llegada del buen tiempo. La celebración es así un acto asociativo que antecede a un rito de pasaje aparentemente atmosférico, y una gran mayoría de familias y pandillas se ceden gustosas las armas amables que hacen posible la vecindad: conversación, paellas, carnes a la brasa, sofisticados menús en otros casos, un poco de café al final, unas gotitas de licor, o mejor, un culín y otros cuantos más después. Pero San Juan es también un "prau misteriosu", un continente de cuerpos y aromas que predispone al espíritu burlón y profano de Asturias. Bailar alrededor de la hoguera, beber sidra, cenar profusamente y acompañar la música de los orígenes es -da igual en el orden que se den estas circunstancias- otro acto asociativo pero esta vez ligado a la pervivencia de las almas de la naturaleza. El hombre sólo es una parte más, sin hegemonías, tal y como fuera bajo el animismo. Así que en la berbena que sucede a la quema queda en el aire cierto toque ancestral que la hace distintiva y fugaz, como la propia noche. La noche más corta del año pasa aún más rápido en Ribadesella gracias a esta jira gastronómica y noctámbula en las que se improvisan carpas y chiringuitos para vivirla con permisividad y folixa. En esta fiesta silban los espíritus en medio de la convención, sale a relucir el rito y hasta bien entrada la madrugada se permanece en la charlas, corre aún la sidra y la magia imprescindible que aportan las llamas aún se siente. Sólo la disminución de las temperaturas a la par que la hoguera va muriendo, y la humedad del Sella que siempre se apodera del recinto, hace que el fin de la noche más corta, ya en el amanecer, sea para los más atrevidos.

Esta fiesta, de carácter profundamente popular, se creó en 1968 en el barrio del Cobayu y en tan poco tiempo se ha consolidado como una de las más exitosas del concejo. Tiene como elementos de interés un torneo de fútbol sala, un descenso popular del Sella (Arriondas - Cobayu), una misa de campaña, un concurso de baile y una espicha popular, ágape típico asturiano a base de sidra, huevos duros y otras viandas.

Dejando al margen la fiesta de las Piraguas, que merece capítulo aparte, en agosto hay que reseñar Santa Marina, que se celebraba antiguamente en su capilla del arenal de la playa, a donde se acudía en lanchas. A comienzos del siglo XX esta fiesta fue relanzada por la colonia de veraneantes y hoy en día, desaparecida ya la capilla, se celebra de forma parecida a la de Guía, con procesión marítima de la imagen y acompañamiento de los grupos folklóricos y la flota de pesqueros.

Si bien hay constancia de la existencia de cofradías y procesiones de Semana Santa desde comienzos del siglo XIX, dejaron éstas de celebrarse durante más de cincuenta años. En la actualidad han sido recuperadas y las tres cofradías acompañan a sus imágenes por las calles de la villa. El momento más emotivo suele ser el viacrucis nocturno por el muelle, iluminado por antorchas que se agitan al viento y se reflejan en las aguas de la ría. En cuanto a la fiesta laica destaca en el Viernes Santo la carrera de caballos y de carros del país en la playa de Santa Marina, gran espectáculo para los muchos visitantes que recibe la villa en esos dias vacacionales.

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